Friday, October 23, 2009

Procrastination

Wednesday, September 23, 2009

The Road Not Taken












En este poema se resumen mi actualidad. Y no es fortuito que lo nombre ahora, desde mi adolescencia, en el colegio americano internacional, en una clase de literatura norteamericana, sentí el golpe seco en el pecho y ví los caminos separandose causandome una profunda nostalgia.


Entrañable el Robert Frost.



THE ROAD NOT TAKEN


Two roads diverged in a yellow wood,

And sorry I could not travel both

And be one traveler, long I stood

And looked down one as far as I could

To where it bent in the undergrowth;


Then took the other, as just as fair


And having perhaps the better claim,


Because it was grassy and wanted wear;


Though as for that, the passing there


Had worn them really about the same,


And both that morning equally lay


In leaves no step had trodden black


Oh, I kept the first for another day!


Yet knowing how way leads on to way,


I doubted if I should ever come back.


I shall be telling this with a sigh

Somewhere ages and ages hence:


two roads diverged in a wood, and I –

I took the one less traveled by,


And that has made all the difference.

Saturday, August 15, 2009

...

Thursday, July 16, 2009

Texto Amorfo


Dos películas sacadas esta mañana de la estantería Terror y Género Fantástico me mantuvieron distraído durante buena parte de la tarde. Sin trabajo ni actividad altruista que ocupe mi tiempo, este verano, hosco y caluroso, se prevé peligroso para mi salud mental. En la habitación donde duermo el calor se intensifica a pesar de estar bajada la persiana permanentemente. A través de los agujeritos que quedan entre las juntas penetra el sol como lanzas, entonces pienso: sí fuese un vampiro (como el de la película) sufriría una muerte bastante cinematográfica.

Esta semana he pensando reiteradamente en la muerte. Será el calor, que como al Sr. Meursault, en una tarde infernal le condujo a apretar el gatillo contra un árabe a orillas del Mediterráneo argelino. O quizás, mi inclinación necrológica se la deba a la lunática música del compositor Bartók. Me explico, hace un par de noches fui a un concierto de cámara en el que dos pianos y unos instrumentos de percusión me trastornaron. Los sonidos disonantes producidos por los dos pianistas que convulsionaban sobre sus respectivos sillines en el escenario eran oscuros, perturbadores y lo más grave, dejaron una ostensible secuela en mi delicada psique; no cabe duda de ello. Contrario al caos aparente, Bartók ha medido y diseñado sus partituras con la precisión de un matemático, sin que ninguna nota queda al arbitrio de la improvisación. La experiencia musical fue intensa. En un determinado momento (imagino) las estructuras que sostienen la instalación de luces del escenario caen estrepitosas sobre los músicos, el metal se retuerce, focos explotan, saltan chispas, el pánico se apodera del público, el fuego se esparce sobre el telón de terciopelo negro y la sangre, la sangre derramada empaña las camisas blancas del esmoquin que llevan los pianistas. El calor.

David Foster Wallace también puede estar implicado como inductor o pieza clave en mi inusitada afición por lo mórbido. Cojo un libro suyo, Extinción, un compendio de relatos cortos publicado en Mondadori y busco en el índice un título que llame mi atención. Inmediatamente lo encuentro: El Neón de Siempre. Abro la página 177, un miércoles 15 de Julio del año 2009 a las 11h57 de la mañana y la verdad visceral de su relato me remueve desde el interior. Antecedente: El neón es luz artificial, tubos que adoptan formas infinitas, de colores atrayentes, que iluminan Las Vegas y emiten un leve pero constante buzzzzzz, como el de un insecto mecánico al servicio de lo banal. El neón es un referente de la posmodernidad, de lo vacuo y llamativo de la sociedad de lo superfluo. Al menos ese es el valor que le atribuí yo en un intento de relato que escribí en un taller literario por ahí en el año 2002 y que nunca prosperó. Pero El Neón de Siempre de David Foster Wallace no trata sobre nada de lo que he mencionado previamente y tampoco utiliza como escenario Las Vegas, por el contrario, narra el proceso mental y la convicción que llevan al personaje, un farsante (el más honesto que he leído) a suicidarse. Lamentablemente Foster Wallace también desistió de vivir, el 12 de septiembre de 2008.

Tras aquella lectura reveladora se establece un antes y un después, queda una secuela, como el hierro ardiente con que se marca el ganado; y prosigo. Mi novia me pregunta que qué me pasa. No puedo follar, tampoco quiero hablar. Hace poco me detuvo preocupada para darme buenos consejos y sinceramente traté de concentrarme pero desde la ventana de la habitación, sí, esa ventana con la persiana permanentemente bajada por la que entra el calor a través de las ranuras, podía escuchar disipándose en el viento el sonido de las alarmas de las tiendas de ropa. Incluso pude ver (otra vez en mi imaginación) a las personas saliendo con sus bolsas llenas de rebajas, ruborizadas durante el bochornoso momento de comprobar que la señorita del mostrador ha olvidado retirar el dispositivo electrónico anti-hurto. Presuntamente culpables ante la mirada inmisericorde de los compradores que pululan por las estanterías cercanas a la puerta. Inicia el repaso de la conciencia sospechosa hasta que las manos nerviosas encuentran aquella factura que justifica el pitido y permite levantar la mirada con orgullo redentor.

La comunicación es unilateral y ella lo nota, desiste. Salimos a la calle de la mano, sigue haciendo calor, buscamos una actividad para evadirnos. Propongo el cine, una película española con Penélope Cruz.

El plan de cine no prospera así que nos separamos. Llevo caminando por la ciudad un buen rato con mi computadora al hombro. El peso es molesto pero me recuerda que en la travesía hay sacrificios. Busco señales wifi (y espirituales) en las bancas de los parques y esquinas de la ciudad pero no las encuentro. Decido ir a un café que me gusta mucho y donde se que puedo conectar, literalmente. Inserto los auriculares y subo el volumen al máximo, hasta el nivel en que pongo en riesgo mi futuro auditivo. En fin, la selección que he hecho para está tarde empieza con las infecciosas cuerdas del bajo de “Bullet in the Head” de Rage Against the Machine. Me acompaña un té verde que bebo a sorbitos para que dure largo, no tengo más que algunas monedas de Euro y pienso quedarme aquí escribiendo durante mucho tiempo.

Escribo y luego leo pero no me gusta. Recorto, altero y modifico, nada me satisface. De repente mis costillas se abren a lo Cronenberg como dos manos con los dedos extendidos. El sonido que producen mientras se rompen es horrible. Una vez sucedido este fenómeno, queda expuesta mi carne viva, latiente. Me desdoblo. Mi alma sale como un fino vapor por el boquete que tengo en el pecho y atraviesa la mesita rectangular de mármol para tomar el contorno del cuerpo humano hasta posarse contemplativa en la silla de enfrente. Lee. Critica con severidad este texto amorfo, utiliza palabras ofensivas que yo no hubiese elegido para no ser cruel e hiriente, o sencillamente educado. Pero el vapor con forma humana destruye mis aspiraciones de seguir escribiendo y reparte gratuitamente calificativos que ahora no me apetece transcribir. Entonces, mi cuerpo, sin alma, para defenderse del desprecio, esgrime un argumento: -Para apreciar una lectura, el lector requiere implicarse, hacer el esfuerzo por entender y releer las oraciones. Es meritorio escribir claro y conciso, dice, ser asequible, pero esto no es un manual de instrucciones para la instalación de un nuevo software en tu ordenador, la literatura requiere compromiso.

Saturday, March 28, 2009

Homenaje póstumo a D.


Debió ser principios de Otoño del 2003, estamos en Madrid A, D y yo. D fue mi pareja durante un tiempo pero nuestra relación nunca prosperó; era una majadera caprichosa. Poco después de nuestra ruptura, D viaja desde Montpellier para visitar a A, sin lugar a dudas, ellas son inseparables amigas pero me convenzo de que todavía soy importante. Percivo algo de celos, en todo caso, pretendemos todos ser amigos y ese día los tres tomamos pinchos y cañas, hablamos de cine, salimos a bailar Drum n’ Bass, nos probamos ropa sin comprar nada y descansamos por la tarde bajo una Acacia centenaria en el Parque del Retiro.

D duerme con A en Conde Duque, a un par de cuadras de mi apartamento frente a los Cines Renoir. Hemos quedado al día siguiente a las 13h00’s, en las puertas del Thyssen Bornemisza para visitar la segunda planta y dedicarnos expresamente a las salas de los Expresionistas. Creo en la puntualidad. Ellas no llegan y estoy cansado de esperar. Compro mi entrada y le doy al play de mi discman (sí, esas épocas se andaba con discman). Defraudado empiezo a recorrer las salas. No me concentro ante los cuadros, elucubro argumentos irrefutables, compruebo la hora compulsivamente y en un ademán de histeria me retiro violentamente los audífonos pensando que ellas susurran mi nombre entre risas. Los Expresionistas que tanto aprecio no evocan nada. Siento ira.

Regreso al vestíbulo, ha pasado más de una hora y no hay señales de ellas. Tampoco puedo llamar porque no se por qué motivo A no tiene su teléfono. Desisto de la colección permanente, no quiero asociarla con un mal recuerdo. Salgo a tomar aire, me siento en una banca, hace un día soleado. Hay viento que sacude las flores y arbustos geométricamente diseñados en el pequeño jardín de acceso. Sobre el pavimento, se proyectan flameantes, tres largas sombras de los banderines publicitarios de las exposiciones itinerantes. Volteo la cabeza para atrás y miro hacia arriba, como quien lo hace con hastío y sin expectativas. Luego viene ese gesto fingido tan típico que hago con la boca. Anuncian con tipografía sobria a Fernando Zóbel. Me dispongo a entrar.

Sus cuadros me absorben. Formas abstractas, líneas que emergen furiosas desde la serenidad horizontal. Usa pocos matices en sus lienzos pero a pesar de ello consigue una composición armoniosa. Estoy impactado, conmovido. Hay una selección de pinturas, que se titulan “homenajes”, y son un tributo a distintos nombres de personas que no conozco. Me adentro en la oscuridad de uno de sus cuadros, como si de un océano agitado se tratase, en el que no se puede distinguir la línea que divide la negrura del mar y la noche. En el epicentro, con pulso preciso, irrumpe penetrante una esperanzadora luz, que evoca fuerza o ira (o quizás delicadeza). Esta obra parece proceder de una sensación contradictoria a la quietud y calma, sin embargo es conciliadora, consecuente, redonda al materializar los sentimientos.

A la salida compré una postal sobre la que escribí dos líneas vergonzosamente solemnes. Cuando me disponía a ir a casa me encontré con las de las letras. No estoy seguro de cómo fue mi reacción pero se que estaba alterado. Habré reclamado y ellas dado explicaciones. 


Todavía conservo la postal que inició este relato, de hecho, la estoy viendo al lado de mi computador. Con respecto a D,  no hizo mella con el tiempo.



* Homenaje a P. Montojo , 1964. FERNANDO ZÓBEL

Saturday, March 21, 2009

Reflexiones Orwellianas

Es difícil hablar de obscenidad. O bien la gente tiene miedo de escandalizarse o bien lo tiene de no escandalizarse.

George Orwell

Monday, March 16, 2009

"...veo el mundo con más complejidad que sólo con mis dos ojos"


Transcribo íntegramente este artículo publicado en La Vanguardia, de Barcelona sobre Jaques Vergés, polifacético abogado penalista, inmerso en cruentas polémicas de índole ética y moral (las que tanto me gusta restregar a los conservadores). Para todos quienes NO les interesa la ley y el Estado de Derecho, recomiendo con mayor vehemncia leer esta entrevista. El último parrafo que es de dónde saqué el titulo para este artículo es estremecedor y emocionante. Y para los ávidos lectores que quieran profundizar más en el personaje propongo el documental titulado "El Abogado del Terror" de Barbet Schroeder, del que haciendo click en el vínculo puden ver un preview. Sin más que decir, que hable el abogado. (...ojo! que no se trata de Keanu Reeves)



El "abogado del terror"
"Quiero defender a los grandes criminales, incluido Bush"

Vergès que ha sido abogado del nazi Klaus Barbie, del terrorista Carlos o de los militantes del FLN argelino durante los años de plomo de la lucha por la independencia

El "abogado del terror" estuvo ayer en Barcelona. Jacques Vergès (Reunión, 1925), que ha sido abogado del nazi Klaus Barbie, del terrorista Carlos o de los militantes del FLN argelino durante los años de plomo de la lucha por la independencia, acudió ayer a Barcelona para presentar la reedición de su clásico "Estrategia judicial en los procesos políticos" (Anagrama), en el que expone su estrategia de ruptura en los juicios –el acusado se erige en acusador de los representantes legales de un sistema injusto–, repasando para ello procesos históricos como los de Jesús de Nazaret, Sócrates, Fidel Castro o Luis XVI. Hijo de padre francés y madre vietnamita, el protagonista del documental de Barbet Schroeder "El abogado del terror" se muestra inagotable pese a sus 84 años y acaba de protagonizar en un teatro de París un monólogo de dos horas, "Serial plaideur", donde se mide con Antígona o Juana de Arco.


¿Qué es la justicia, para usted?


La justicia es una institución hecha para resolver contradicciones que hay en la sociedad y que no son fundamentales. Por ejemplo, un hombre que comete un robo y dice que está en el paro, tiene cargas familiares, y no pone en duda el derecho de propiedad. El alquilado que no paga y dice quiero pero no puedo. Un hombre y una mujer que se divorcian y el hombre ha de pagar por la educación de los hijos. Por contra, y es el tema de mi libro, hay momentos en los que hablamos de una contradicción fundamental: los valores del acusado y los del juez son completamente contradictorios y es el propio fundamento de la sociedad el que se pone en duda. Por ejemplo, en Antígona, el rey Creonte rechaza honores funerarios a Polinices, su hermano, por traidor, y Antígona se pone hablar de la ley divina y le dice que no tiene el derecho de impedírselo. Y aquí hay una contradicción fundamental. Aparte de eso tomo el concepto de "proceso de ruptura", que se me ocurrió durante la guerra de Argelia.


¿Cómo se planteó el tema?


El juez militar le decía al acusado: usted es francés y por eso tenía argumentos como la Constitución francesa o el reconocimiento por la comunidad internacional del carácter francés de Argelia. El FLN es pues una organización terrorista y usted un criminal. Pero el acusado respondía: yo no soy francés, mi lengua maternal, usted lo sabe, no es la francesa, el Dios que adoro no es el mismo que el suyo, mis referencias históricas no son las mismas, tampoco las intelectuales: usted habla de Voltaire y Rousseau y yo hablo de Ibn Khaldun e Ibn Batuta. En estas condiciones considero que usted, juez, es un criminal por ayudar a mantener esta situación indigna. En ese momento la condena mayor era inevitable y lo que había que hacer era llamar a la opinión pública para hacer imposible la pena de muerte. Y esta era la estrategia que yo aplicaba. Antígona era condenada a muerte porque no había opinión pública a su favor, no había medios de comunicación, ni sindicatos, ni asociaciones. Hoy cuando jugamos a un proceso de ruptura en otra parte del mundo alguien puede levantarse para defenderlo. Y esto es la justicia para mí, una cosa hecha para resolver problemas en el interior de la sociedad, para fomentar el diálogo, pero cuando no es posible interviene una ruptura.


¿Y qué es el terrorismo?


Es una palabra muy amplia. Cuando Bush dice que declarará la guerra al terrorismo no tiene ningún sentido. Es como si en la guerra mundial alguien hubiera dicho que declararía la guerra a la artillería. Había artilleros franceses, rusos, alemanes, totalmente diferentes. No hay relación entre el terrorismo corso y el de Euskadi, o el de Irlanda y el de Bin Laden. Y se puede juzgar el terrorismo según el objetivo de los terroristas. Por otra parte la palabra terrorista se utiliza únicamente para las minorías que luchan y en cambio consideramos que es un acto de guerra la destrucción por los americanos de Hiroshima o Nagasaki, que es más grave que una bomba en un tren. O como cuando los ingleses destruyeron la ciudad de Dresde, desmilitarizada. Hay un terrorismo de Estado que no queremos ver. Por tanto la palabra terrorista es poco clara y hace olvidar un terrorismo de estado mucho más fuerte. En el curso de la guerra de Argelia había un diálogo entre un coronel y un responsable del FLN detenido. El coronel le preguntaba cómo podía justificar las bombas en las cafeterías, y él le contestaba que si fueran más ricos, tendrían aviones y los que lanzarían las bombas tendrían uniformes y se les impondrían condecoraciones y no destruirían un café sino todo un pueblo.


¿Por qué a partir de un cierto momento pasa de defender a luchadores anticoloniales a gente como Klaus Barbie, Carlos?


La tarea de un abogado es defender. Un médico que dijera yo no curo a los homosexuales que tengan sida porque estoy en contra de algunas prácticas sexuales le podríamos decir que volviera a leer el juramento hipocrático. El abogado está para defender, y no a sor Emmanuelle, ni inocentes, sino culpables. Defender no es disculpar, sino entender. Aclarar el camino que hace que hace que un hombre como nosotros llegue a cometer un acto que reprobamos. Y cuando iluminamos este camino no hacemos una cosa subversiva sino que ayudamos a la sociedad. Durante la guerra de Argelia el ejército francés practicó torturas. En los procesos del FLN enseñábamos que habíamos dado al ejército un poder policial para el que no estaba formado. No se consideraba ni prisioneros de guerra ni sujetos al derecho común a los prisioneros del FLN. Estaban fuera de la ley. Los paracaidistas se los podían quedar un día o un año. Si los americanos en vez de invitar a un capitán francés especialista en tortura a Fort Bragg, Paul Aussaresses, para formar a los marines hubieran llamado a los abogados del FLN el escándalo de Abu Ghraib no hubiera tenido lugar.


¿Ha sentido fascinación por sus defendidos, como Carlos o Klaus Barbie?


Hay acusados a los que me siento muy cercano y otros no. A Carlos lo defendí cuatro meses, luego dejé su defensa. Si Barbie estuviera vivo y me propusiera pasar una semana de vacaciones con él, no sé si aceptaría. Nuestra visión del mundo es completamente diferente. La defensa que hice de él fue sólo jurídica: no se puede juzgar a un hombre que no ha sido extraditado, ni se puede juzgar por segunda vez a un hombre que ya fue juzgado en 1954. Es defender el derecho, la forma. Si Barbie me hubiera dicho que defendiera que la raza aria es la mejor, le hubiera dicho que eligiera otro abogado.


Pero, ¿se trata de absolver a sus clientes o de mostrar sus ideas?


Depende. Hemos de explicar por qué un cliente ha llegado a hacer cierta cosa. Durante la revolución francesa el abogado realista defendió a Danton, responsable de las masacre de septiembre. Durante la Revolución francesa el abogado Chaveau-Lagarde defendió a Danton, responsable de las masacres de septiembre, pero luego cuando la reina María-Antonieta le designó para defenderlo aceptó. La reina entendió que podía defenderla pese a defender a Danton. Y la defendió con tanta pasión que al final de su defensa fue detenido.


¿Defendería al presidente de Sudán, acusado ahora de crímenes contra la humanidad?


Sí. Estamos aquí para defender a todo el mundo, incluso a nuestros enemigos. Un abogado que diga que no defiende a tal persona, le diré que no es abogado. En el caso de Camboya, donde defiende a uno de los mandatarios de los khmeres rojos, usted afirma que no hubo genocidio.
No, no he dicho eso. Los acusados primero son perseguidos por crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra, pero no por genocidio, una palabra de la que abusamos. En segundo lugar, el cliente que defiendo dice que no tuvo responsabilidades en esto, que su puesto de presidente era ceremonial.


¿Pero no ha dicho usted que los muertos en Camboya fueron sobre todo por hambre?


Hay varias cosas. Hubo crímenes, cierto, pero se hace una amalgama con todo. Los americanos lanzaron tres veces más bombas en Camboya que en Japón. Estas bombas no contenían chocolate. Y a esos muertos se los pone en la lista de los khmeres rojos. Luego hubo un bloqueo y una hubo hambruna, y no por primera vez, ya hubo más durante la colonización francesa. No digo que no se cometieran crímenes, pero sí que no les podemos inculpar además de los crímenes de los otros.


¿Tiene límites para defender a alguien?


No, ¿hay límites para curar? Tendríamos incluso que defender a nuestro peor enemigo.¿Un juicio es como una representación teatral?
Últimamente he hecho una en París, y en ella digo que un expediente de justicia es el principio de una novela, de una tragedia. Pero de ese drama que estamos viviendo frente a nosotros el abogado es el confidente del personaje principal, el que da nombre a la obra, Coriolano, Macbeth, Karamazov, y que siempre es el acusado, incluso el criminal. Muestro cómo la tragedia de Sófocles es como un proceso, igual que el proceso de Juana de Arco es como una tragedia.


¿No ha habido ningún caso que le haya marcado?


El de Djamila Bouhired, claro, con la que me casé. Pero también he defendido a Cheyenne Brando, una historia patética, una chica de 25 años que se suicidó. O defendí una madre que mata a sus dos hijos y se suicida tras un periodo de divorcio horrible. O un niño adoptado que lo descubre que hace en la droga y acaba matando gente. Pero sólo me conocen por las historias de las que se habla.


¿Qué le pareció la película de Barbet Schroeder?


Es importante, dos tercios de la película enseñan 50 años de nuestra historia, con las guerras de liberación, los atentados, la represión y la tortura a través del prisma de los procesos y de las vidas individuales. El último tercio no tiene interés al lado de este gran fresco. Quizá pensó que era muy favorable y pone a un periodista con temperamento policial descubre que yo estoy en números rojos, que el banco me fiaba. O que el señor Carlos está convencido de que he querido irme a la cama con su mujer. Aunque sea verdad, no veo el interés. Y que he defendido a políticos africanos. Por qué no, también he defendido a políticos gaullistas. No le veo interés.


¿Hay alguien a quien quiera defender y no haya podido?


Quiero defender a todos los grandes criminales, incluido Bush.


¿Le fascina el mal?


No, pero forma parte de la sociedad y de la vida. Dostoyevsky era un hombre que detestaba el nihilismo pero todos sus personajes son nihilistas porque se planteaba preguntas e intentaba comprender. Hace 50 años defendí a una chica que había abortado. Eso era el mal. El fiscal le decía: has destruido una vida humana, carne de tu carne. Hoy el que se arriesga a ir a prisión no es quien aborta sino el loco que intenta impedir entrar a la clínica para llevar a cabo lo que se llama interrupción voluntaria del embarazo. Un crimen se ha convertido en un acto legítimo.


¿Y qué ha comprendido usted?


Creo que nuestra profesión es la más hermosa porque nos permite porque nos permite asumir el máximo de humanidad posible. Defendemos asesinos, celosos, sólo nosotros estamos cerca de ellos, el juez no los conoce, les hace preguntas, nosotros sí, hablamos con ellos de todo, de vida o de música. Hay una leyenda amazónica de una serpiente que lleva los ojos de todos los que come, nosotros también canibalizamos a nuestros clientes, a uno le cojo su virtud, a otro su vicio, a uno valor, a otro debilidad, y veo el mundo con más complejidad que sólo con mis dos ojos.