Sunday, July 04, 2010

Advertencia que antecede a mi tesina.


«Siempre que queremos acceder inmediatamente a la idea, echarle mano, envolverla o verla sin velo, sentimos perfectamente que nuestra tentativa es un contrasentido, que se nos aleja a mediad que nos acercamos a ella: la explicación no nos da la idea misma, no es más que una versión de segunda mano, un derivado más manejable.»



Maurice Merleau-Ponty

“Lo visible y lo invisible”


I.- Advertencia


El hombre, desde tiempos inmemoriales sintió la necesidad de dar una explicación que justificase los fenómenos que constituían su entorno, y así, durante siglos, la mitología ocupó el lugar que hoy se le ha conferido a la ciencia. Podría suponer un despropósito, tarea frustrada desde su génesis, expresar en un escrito estrictamente investigativo, las concepciones sobre lo esencial, lo sublime, contenido en el arte. Estando consciente de la tendenciosidad y subjetividad de mi discurso, propongo para la lectura de esta tesina, en que me referiré reiteradamente a los sentimientos que evoca el arte, que el lector active otros protocolos, -los de la mística o la religión-, para quizás así, superar nuestra recurrente incapacidad para justificar la experiencia estética. Los senderos que conducen al pensamiento romántico no se labran por la vía de la conciencia, porque lo absoluto e ilimitado de su ideario queda fuera de toda lógica o comprensión. El poeta inglés, Samuel Taylor Coleridge describió el estado estético de la conciencia como un momento de casi-creencia al que llamó «poétic faith», una forma de cognición en la que quedaban suspendidos voluntad y entendimiento

. Sólo a través del arte se consigue encarnar en el objeto, en la materia que conforma la obra, el sublime deleite estético, lo “invisible” a lo que se refiere el fenomenólogo francés, lo esencial y lo sublime; en suma: aquello que no se puede asir ni aprehender. En el arte se da una operación transformadora que Novalis califica de «magia», y que consiste en captar lo subjetivo en lo objetivo, lo invisible en lo visible, lo esencial en lo material. Detrás de la materia plástica, de la poesía, de la música, hay “algo” esencial, suprasensible, que se nos revela fugazmente y que, nostálgicos, debemos resignarnos con la mera contemplación de como se disipa la estela, la resonancia de “aquello” que nunca podremos poseer. Kant denominó espíritu (geist), al entusiasmo que despierta en el sujeto la contemplación desinteresada del arte. Lo espiritual, “eso” que impregna de significación a una obra y que percibimos porque se nos acelera el pulso, no es más que un “soplo de aire” que se nos escapa.

En las páginas que preceden se intentará describir el estado al que nos eleva el arte del genio en el periodo del primer romanticismo alemán, sintetizando el pensamiento de dos enormes filósofos idealistas, Immanuel Kant y Friedrich W. J. Schelling, además de las enseñanzas impartidas por mi maestro, el poeta y filósofo Antoni Marí. Me sirvo de una cita encontrada casualmente en un reciente artículo de prensa del filósofo Eugenio Trías, en que alude al arte (la música, en este caso) y que ilustra, con acierto la sutil materia que tratará el presente escrito. En el arte, «todo nos habla, nos dice, nos significa (pero siempre sin palabras). Como decía Felix Mendelssohn, ese significar “sin palabras” es muchísimo más preciso que el significar lingüístico, que se halla repleto de ambigüedades.»

La pintura, la música, la poesía, son «lenguas superiores», escribe Karl Philipp Moritz, que expresan lo que está más allá de los «límites de la facultad de pensar». En síntesis, sostendré con vehemencia que el arte es el único medio para expresar las esencias de lo sublime.

0 comentarios: