Arte por: Stanley Donwood.Hoy escuché por primera vez el disco entero de Radiohead, The King of Limbs. Había comprado el “news paper edition” en febrero pero en mayo empezaron las entregas postales. Si bien tenía la versión digital descargada desde hace un tiempo en mi computadora, recién hoy me dediqué a experimentar el disco como se debe hacer con los trabajos de Radiohead. Después de haber repetido el album completo unas tres o cuatro veces ya tengo una canción favorita: “Codex”. Sentí nostalgia mientras transcurrían las canciones. Miraba indiferente los mensajes del chat en mi teléfono. Bebía lentamente unas sobras de un rico vino regalo de un amigo en el fin de semana. No me quería quitar la camisa del trabajo. Estaba cómodo en mi sofá, con el sonido lo suficientemente alto como para receptar las resonancias en todas las cavidades de mi cuerpo. En Facebook me proponían participar en proyectos políticos interesantes, o quizás no tan interesantes, pero provenientes de una persona a quien estimo y admiro intelectualmente. Al final terminé negandome a la propuesta, porque mi falta de compromiso con la vida cada vez se hace más latente. Veo a mi perro, acostado, durmiendo plácidamente con la cabeza arrimada sobre el suelo, con la respiración pausada, ajeno a los problemas del mundo, a los conflictos del alma y quisiera intercambiar papeles, ser yo el perro, la piedra, una nube, una gota de agua.
Junto con el “news paper edition” de The King of Limbs, llegó un diccionario de estética que usé mientras escribía la tesis. Mis padres llegaron hoy de España y trajeron los encargos. Había enviado el set de discos a casa de mi hermana en Salamanca y había comprado por internet en una librería de la que era asiduo cliente, el diccionario Akal de estética, compilado por Étienne Souriau. Intenté adquirirlo en Quito pero no había librería donde se ofrecieran a traerlo por el precio y el peso. Valoro mucho ciertos objetos materiales que he ido coleccionando y que más allá de su valor económico representan parte de mi vida. Mis libros y mis discos son como la narración de mi historia. Me inicié con Albert Camus y con Pink Floyd, pero eso ya es tema de otro relato.
El disco de Radiohead. De eso estaba escribiendo y ¡que lejos estoy de hacer crítica objetiva...! Éste escrito empezó a mano en mi cuaderno negro, pero tras imprimir en el papel las primeras líneas sentí la impetuosa necesidad de ser remotamente comprendido. Albergar fantasías a sabiendas de que no son más que eso, -ilusiones-, es una de las fuentes generadoras de muchos textos de este blog, textos que se originaron en la necesidad más que en la finalidad, cualquiera que ésta fuese. Hace meses que no escribo en Días y Días, lo tenía completamente abandonado, y me apeteció publicar mis quejas en la red para los hipotéticos internautas. Quizás, como me sentía solo y nostálgico, la mera posibilidad de ser leído me entusiasmó. Radiohead, como experiencia estética fue el motor, fue la motivación. Su música melódica, a veces dulce, contrastada con sus arreglos complejos y trepidantes, de momentos dramáticos, de contundencia conceptual, de coherencia y redondez, introdujo “algo” en mi. Luego, cuando me disponía a acostarme, una frase en el prólogo de un libro de poesía que me envió mi hermana, definitivamente activó el switch: “de contenido fuertemente elegiaco, su poesía traza una honda interrogación sobre el sentimiento del tiempo, sobre la destrucción o la fugacidad de la experiencia, pero no deja de levantar también una intensa celebración de ese mismo placer que está siempre a punto de desvanecerse.” Tuve que levantarme y empezar a escribir. Escribir es una manifestación de sentir, es, como decía Pessoa: una manera de rebajar la fiebre de sentir.
Y como reacción automática desencadenada ante las líneas antes trasncritas, me dispuse a buscar un libro de mi bilbioteca. La elección no fue al azar. Mi brazo sabía lo que hacía al ir directamente a la repisa de estética, y mi mano ágilmente ubicó la siguiente página que dice: “El hombre ha buscado y ha encontrado los medios para fijar y resucitar a voluntad sus estados más bellos o los más puros, para reproducir, para transmitir, para guardar durante siglos las fórmulas de su entusiasmo, de su éxtasis, de su vibración personal y, por una consecuencia feliz y admirable, la invención de estos procedimientos de conservación le ha proporcionado a su vez la idea y el poder de desarrollar y enriquecer artificialmente los fragmentos de su vida poética con las que su naturaleza le obsequia en determinados instantes.” Paul Valéry.
Escribir es sentir, es existir; es constatar que se es y que se siente. Escribir, como una de las varias manifestacines artísticas, es dar sentido a las experiencias aparentemente fútiles y pasajeras. Valéry expone esta idea magníficamente y ha quedado impresa en mi como los gravados sobre la piedra. Y de repente comprendo porqué el hombre pre-histórico quiso dejar su huella en las pinturas rupestres encontradas en las cavernas, comprendo de dónde provino esa necesidad de expresar, y me enternece ésta extraña condición humana, tan particular y tan poética. Hoy estoy abierto, hoy lo entiendo todo. Mañana las máquinas, las responsabilidades, el tráfico de la carretera, la ansiedad por estár solo, los sonidos del teléfono,... me apartarán de la experiencia pasajera y habré olvidado. Pero hoy he escrito, he sintetizado materia, he tallado en la piedra, he superado la angustia del olvido.

5 comentarios:
Al parecer has encontrado una inspiracion en lo cotidiano.
Has encontrado poesia en lo rutinario.
Y como siempre has visto belleza hasta en lo ordinario.
No todo es tan malo despues de todo, espero que la nostalgia no te deje olvidar.
Gabriel, me encanta! Es tan tú...
No sabes cuánto echo de menos nuestras conversaciones en el balcón del 4ºF, helados del frío y bebiendo té.
Mucha suerte en Ecuador.
S
Escribir, como un destello de lucidez cuando la realidad se aspira a bocanadas afiladas,
como un impulso incontenible de gritar en espera de ecos. Lanzar anhelos como dagas.
Si escribir es rebajar la fiebre de sentir, leerte es aumentarla, exponerla. Es volver a estar consciente de ella, es saborearla.
Me gusta que hayas vuelto a escribir...
Escribir, como un destello de lucidez cuando la realidad se aspira a bocanadas afiladas,
como un impulso incontenible de gritar en espera de ecos. Lanzar anhelos como dagas.
Si escribir es rebajar la fiebre de sentir, leerte es aumentarla, exponerla. Es volver a estar consciente de ella, es saborearla.
Me gusta que hayas vuelto a escribir...
Ultimamente, me impactan pocas cosas - menos cuadros con mayor dispercidad de agrado entre cada momento de apreciacion.
Este excerpto ha sido uno de esos infrecuentes momentos. Tiene esa cierta unidad con el resto de escritos; como si por un momento habrias regresado a la familiaridad de algo.
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